La metadona como parte del tratamiento de la adicción a la heroína

OurBlog

9 agosto, 2018

La metadona como parte del tratamiento de la adicción a la heroína |

Este agonista opiáceo sintético puede estar especialmente indicado en caso de
consumo de cantidades elevadas de heroína, fracaso de otras alternativas
farmacológicas en reducir el síndrome de abstinencia a opiáceos (SAO) a niveles
aceptables y, en el caso de las desintoxicaciones ambulatorias, cuando el apoyo del
entorno socio-familiar es escaso.
En las fases iniciales de investigación sobre este tratamiento ya se demostraron seis
aspectos importantes que confirmaban su potencial utilidad para favorecer notables
mejoras en la vida de adictos refractarios a otros tratamientos: 1) los pacientes no
sienten efectos euforizantes, sedantes o analgésicos, 2) una dosis diaria del orden
de 80 a 120mg eleva la tolerancia a los efectos narcóticos de los restantes opiáceos,
3) los niveles de tolerancia no varían con el tiempo, 4) la metadona es eficaz por vía
oral y, con una vida media de 24-36 horas, permite ser administrada en una sola
toma al día, 5) elimina la sintomatología de abstinencia y craving, y 6) el uso médico
de la metadona es seguro y no comporta riesgos de toxicidad.
La metadona controla muy bien el SAO y, en dispensación ambulatoria, permite un
control cotidiano por parte del profesional que lo administra y una adaptación de las
dosis según la gravedad de la sintomatología de abstinencia. Suele iniciarse con
dosis del orden de 20-30 mg/día, que se rebajan gradualmente en el espacio de 23
semanas (Ambrosio, 2013).
No obstante, la seguridad de la metadona ha sido cuestionada por los datos que
indican un gran aumento en el número de muertes por sobredosis asociadas a la
metadona en los últimos años, que ha ocurrido en paralelo con un aumento
dramático en el uso de metadona para el dolor crónico. La American Pain Society y
el College on Problems of Drug Dependence, en colaboración con Heart Rhythm
Society, encargaron el desarrollo de una guía de práctica clínica sobre la
prescripción de metadona. A pesar de que en el estudio se identificaron numerosas
lagunas de investigación, se llegó a un consenso casi unánime sobre casi todas sus
recomendaciones específicas que se definieron: necesidad de educar y aconsejar a
los pacientes; el uso de electrocardiografía para identificar personas con mayor
riesgo; dosis cuidadosa de iniciación y mantenimiento, y monitoreo y seguimiento
diligentes. Concluyendo que el uso seguro de la metadona requiere habilidades
clínicas y conocimiento en el uso de la metadona para mitigar los riesgos
potenciales, incluidos los riesgos graves relacionados con el riesgo de sobredosis y
arritmias cardíacas (Chouet al., 2014)
Como hemos visto, además del uso específico para el tratamiento del consumo de
opiáceos, era lógico suponer que por ser un agonista opiáceo se viese su posible
utilización como analgésico, función que en este sentido cumplen adecuadamente
los opiáceos. El uso de metadona como agente de segunda línea para el dolor
severo relacionado con el cáncer está aumentando en el campo de los cuidados
paliativos. Tiene una serie de cualidades que hacen que su uso sea favorable,
incluida la falta de metabolitos activos conocidos y la presunta seguridad relativa
frente a los efectos adversos, como la neurotoxicidad inducida por opioides, aunque
sería necesario, como hemos visto, realizar más investigaciones sobre sus
propiedades farmacológicas y farmacocinéticas (Hoff, Hartwigy Rosielle, 2017).

Miguel Colomer Miranda

Referencias:

Ambrosio, E. (2004). Psicobiología de la drogadicción. Madrid: Sanz y Torres.
Chou, R., Cruciani, R. A., Fiellin, D. A., Compton, P., Farrar, J. T., Haigney, M. C., …
y Mehta, D. (2014). Methadone safety: a clinical practice guideline from the
American Pain Society and College on Problems of Drug Dependence, in
collaboration with the Heart Rhythm Society. The Journal of Pain, 15(4), pp.
321-337.
Hoff, A. M., Hartwig, K. N., y Rosielle, D. A. (2017). Methadone-Induced
Neurotoxicity in Advanced Cancer: A Case Report Journal of Palliative
Medicine, 20(9), pp. 1042-1044.

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies