Impulsividad en dependientes de cocaína que abandonan el consumo

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3 diciembre, 2014

Impulsividad en dependientes de cocaína que abandonan el consumo |

Muchos estudios relacionan la impulsividad y los trastornos adictivos, aunque aún queda por determinar si esta relación se debe a los efectos específicos del abuso de sustancias o a la frecuente comorbilidad con trastornos de personalidad como el trastorno límite de la personalidad o el trastorno antisocial, que tienen en este rasgo un núcleo común con el abuso de sustancias. Desde la neuropsicología se ha incidido en la influencia del consumo de cocaína sobre las funciones ejecutivas y, por ende, sobre la capacidad de toma de decisiones valorando sus consecuencias.

Se pueden diferenciar dos componentes de la conducta impulsiva: la motivación o activación interior previa a la comisión del acto y la gratificación en el momento de llevarlo a cabo. Estos dos aspectos aparecen también en los trastornos por consumo de sustancias, que se caracterizan por la necesidad irresistible de consumo (craving) y la experimentación de sus efectos.

Varios autores han definido la impulsividad como una predisposición hacia reacciones rápidas y no planificadas a estímulos internos o externos sin consideración de las consecuencias negativas hacia uno mismo o hacia los demás. Es decir, se trata de un patrón de conducta que se lleva a cabo antes de tener la oportunidad de sopesar conscientemente las consecuencias de la acción.

Se ha comprobado que a medida que se avanza en el proceso adictivo, el cerebro parece sufrir una neuroadaptación y adoptar progresivamente un patrón de funcionamiento subcortical junto a un hipofuncionamiento de las estructuras de control, que es la consecuencia de la acción sostenida de las drogas sobre el lóbulo frontal, encargado de las funciones ejecutivas. Estudios con PET en consumidores de cocaína de larga evolución encuentran una baja actividad en el córtex frontal. En concordancia con estos hallazgos, se ha reportado una tendencia al refuerzo inmediato y una infravaloración de las consecuencias adversas en cocainómanos.

Asimismo, diversos estudios informan de que algunas de las alteraciones cognitivas y conductuales asociadas al consumo habitual de cocaína experimentan una recuperación progresiva entre la quinta semana y el sexto mes de abstinencia de la sustancia.

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