Habilidades sociales en las adicciones

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25 julio, 2018

Habilidades sociales en las adicciones |

El ser humano como ser social desarrolla en el contacto con los demás una serie de
conductas que le permiten sentir su pertenencia al grupo y disfrutar de los beneficios que
ello le reporta. Estas conductas son lo que se ha venido a definir como habilidades
sociales. Como todas las conductas de la persona, salvo algunas innatas, las habilidades
sociales son conductas aprendidas mediante mecanismo de reforzamiento positivo,
aprendizaje vicario, retroalimentación interpersonal o desarrollo de expectativas (Kelly,
1987).
De este aprendizaje surgen unas habilidades conductuales: verbales, no verbales,
paralingüisticas (tono, volumen de voz, etc.); y unas habilidades cognitivas: percepción del
ambiente, competencia cognitiva, estrategias de codificación, constructos personales,
expectativas de resultados, valores subjetivos de los estímulos y planes y sistemas de
autorregulación (Ruiz, Díaz y Villalobos, 2012). Vemos, pues, que las habilidades sociales
de una persona se desarrollarán de una parte por condiciones externas: el entorno familiar,
la educación, la cultura, etc.; y de otra por condiciones internar o propias del individuo:
edad, temperamento y una personalidad que en su construcción también han intervenido
condicionantes externos.
Cuando una persona se halla bajo la influencia de una sustancia psicoactiva, los cambios
que esta produce en su sistema nervioso provocan distintas sensaciones psicofisiológicas:
euforia, relajación, desinhibición, cambio de estado de ánimo, intensificación de emociones,
etc., que va a influir en la forma en que se desarrolla el aprendizaje de sus habilidades
sociales.
La persona que realiza un consumo esporádico detectará fácilmente las modificaciones que
se producen en su conducta y el aprendizaje no se consolidará. Sin embargo, cuando se ha
adquirido dependencia de determinada sustancia, el prolongado consumo permite que el
aprendizaje de habilidades sociales conductuales y cognitivas se realice habitualmente bajo
los efectos de dicha sustancia y las conductas que en este caso se manifiestan, y no otras,
serán las que quedarán aprendidas.
A pesar de que una persona dependiente se abstenga durante un cierto periodo del
consumo, deseará continuar sus relaciones; sin embargo, las habilidades sociales que
podía haber conseguido antes de su dependencia probablemente no estarán disponibles
por extinción de su aprendizaje. Para poder desplegar sus actuales conductas sociales
necesitaría que en su sistema nervioso actuase la sustancia. Como esto no ocurrirá, se
producirá probablemente una situación de incertidumbre e incluso indefensión que puede
conducir a un comportamiento inadecuado a la retirada del espacio social o de nuevo al
consumo.
Cuando un aprendizaje se extingue por falta de reforzamiento, produce efectos
conductuales y emocionales importantes, pero no revierte los efectos de la adquisición (no
borra lo que se aprendió) (Domjan, 2010). La persona dependiente que retoma la
abstinencia podrá rescatar lo aprendido sin el consumo de la sustancia, pero para ello será
necesario un entrenamiento en habilidades sociales (EHS) que faciliten la recuperación. Si
el consumo tuvo un inicio muy temprano, probablemente quedarán pocas habilidades
sociales por recobrar adecuadas a la situación actual, no obstante, también servirá el EHS
como mecanismo adecuado para conseguir habilidades nuevas o adaptar las antiguas.

Miguel Colomer Miranda

Referencias:
Domjam, M. (2010). Principios de aprendizaje y conducta. México, D. F.:
WadsworthCengageLearning.
Kelly, G. A. (1987). Entrenamiento en habilidades sociales. Bibalo: Desclée de Brouwer.
Ruiz, M. A., Díaz, M. I. y Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo
conductuales. Bilbao: Desclée de Brouwer.

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