El principio de parsimonia.

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18 julio, 2018

El principio de parsimonia. |

El principio de parsimonia afirma que en igualdad de condiciones la explicación más
sencilla suele ser la correcta.
El principio es atribuido al fraile franciscano inglés del siglo XIV Guillermo de
Ockham y fue llamado “Navaja de Ockham” pues «afeitaba como una navaja las
barbas de Platón», ya que de su aplicación se obtenía una notable simplicidad
ontológica, por contraposición a la filosofía platónica que llenaba su ontología de
entidades.
El principio de parsimonia prioriza las explicaciones más sencillas de entre todas las
posibles. En psicología se utiliza frecuentemente para optar por la descripción más
sencilla de los procesos subyacentes a una tarea. Sin embargo, la falta de criterios
objetivos sobre por qué un proceso mental es más sencillo que otro puedellevar a
que este uso sea intuitivo y sesgado. Para que el principio de parsimonia sea útil en
ciencia cognitiva no es necesario alcanzar una convención universal sobre qué es
más sencillo, pero sería recomendable que cada autor que recurra a él, defina y
explicite sus criterios, lo que permitirá la revisión y el análisis crítico de sus
conclusiones (López García y Baniandrés, 2013).
En el siglo XX el desarrollo de la física permitió reformular esta idea diciendo que la
ontología de la ciencia debía en última instancia descansar en lo que la física dice
que existe. La ontología de la ciencia debe compararse a un desierto y no a una
jungla (Martínez, 2010). Y así, por ejemplo, la perspectiva darwiniana parece
responder a un ideal de orden natural emparentado con cierto principio de
parsimonia o de economía de las diferencias, en contraposición a la perspectiva de
Cuvier, que obedece a un ideal de exuberancia de la naturaleza (Caponi, 2017).
El principio se instaló en algunos casos en el modelo conductista al considerar que
el condicionamiento operante es un proceso más sencillo que el ingenio, y sugiere
que el auto-concepto y otros fenómenos se construyen a través del
condicionamiento, apelando a que este es un proceso más parsimonioso que los
potenciales mentalismos que se ofrecen como alternativas (Skinner, Lanza y
Epstein,1980).
No obstante, el principio de parsimonia no ha sido siempre aceptado y es en algunos
casos incluso rechazado. Walter Chatton, contemporáneo de Ockham, cuestionó el
principio: si tres cosas no son suficientes para verificar una proposición afirmativa
sobre las cosas, una cuarta debe ser añadida, y así sucesivamente. Einstein
también aportó su propia anti-navaja: a duras penas se puede negar que el objetivo
supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos
como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un
sólo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple (Sató, 2016).
Sería, pues, conveniente respecto al principio de parsimonia, evitar la búsqueda de
unos valores universalmente aceptables, ni tampoco abandonar su uso, sino sugerir
que cada autor que lo invoque defina con claridad sus criterios concretos, para así
conocer el sesgo que pueden introducir en la interpretación de las situaciones
experimentales, permitiendo el análisis crítico de los resultado (López García y
Baniandrés, 2013).

Referencias:

Caponi, G. (2017). La navaja de Darwin. La derogación del Principio de Plenitud en
la revolución darwiniana. LudusVitalis, 12(22), pp. 9-38.
Epstein, R., Lanza, R. P. y Skinner, B.F. (1980).
Symboliccommunicationbetweentwopigeons. Science, 209, pp. 543-545.
López García, C. A. yBaniandrés, N. (2013). El principio de parsimonia en la ciencia
cognitiva actual: Riesgos y soluciones. Ciencia Cognitiva, 7(2), pp. 28-30.
Martínez, S. (2010). La navaja de Ockham y la heterogeneidad de las
representaciones: Hacia una ontología de lo abstracto. Azafea Revista de
Filosofía, 12, pp. 97-118.
Sató, J. (2016). Simplicidad o la navaja de Ockham. Recuperado de:

Simplicidad o la navaja de Ockham

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