El cannabis

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26 octubre, 2015

El cannabis |

Los cannabinoides se derivan de la planta denominada Cannabis sativa, su cultivo se da en lugares de clima cálido y seco como parte de Asia, África, y zonas centrales del Norte y Sur de América. Se puede clasificar como un alucinógeno menor. Entre los constituyentes activos de la planta está el tetrahidrocannabinol (THC), que es el responsable de casi todos los efectos nocivos de esta sustancia.

En cuanto a su consumo, podemos determinar varias formas:

-La marihuana o hierba, que son las hojas secas, y pequeños tallos de la Cannabis sativa.

-El hachís o hash, que se produce a partir del prensando de la resina de la planta hembra, dando lugar a un trozo de color marrón. En este caso, se puede decir que sus efectos son más perjudiciales que los de la marihuana por su cantidad de concentración de uno de sus principios activos, el THC.

-El aceite de cannabis o aceite de hachís, que se produce al mezclar la resina de la planta con disolventes (alcohol, acetonas, etc.).

El THC no es soluble en agua y, por tanto, sólo se puede consumir mediante la ingestión y la inhalación. La forma más habitual de consumir cannabis es inhalada o mezclándolo con tabaco, lo que da lugar a los conocidos porros. El inicio de consumo de cannabis en España es entre los 16 y 17 años de edad.

En cuanto a los efectos del cannabis, se puede decir que a corto plazo y cuando las dosis son bajas, suele producir sensaciones de bienestar y tranquilidad, aumento del apetito, verborrea y euforia, además de congestión ocular y dificultades para los procesos mentales complejos, alteraciones de la percepción temporal y sensorial. Una vez que se pasan sus efectos, la persona pasa a encontrarse en un estado de somnolencia y depresión. En cambio, si la dosis es muy elevada aumentan sus efectos perjudiciales, provocando un estado de confusión mental, gran somnolencia, y hasta situaciones de pánico.

A largo plazo aparece el estado de desmotivación con alteración en las capacidades de concentración y memoria. Otros problemas a largo plazo son los efectos nocivos sobre los pulmones, más perjudiciales que las del tabaco, y puede causar alteraciones en los sistemas reproductores, tanto masculino como femenino. Además, el THC atraviesa la barrera placentaria, por lo que su consumo supone un riesgo importante en el embarazo y la lactancia.

Más tarde, al igual que en otras drogas, se producen los efectos típicos de las drogas, es decir, la tolerancia y la dependencia, con el consecuente síndrome de abstinencia en caso de retirada brusca de la sustancia. Este síndrome de abstinencia se puede presenta con cuadros de anorexia, ansiedad, insomnio, irritabilidad y depresión.

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