Droga y alcohol: enfermedad de los sentimientos

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13 junio, 2017

Droga y alcohol: enfermedad de los sentimientos |

El presente artículo de Schilkrut, R., & Armendáriz, M. (2004), se plantea, qué es lo que nos lleva al consumo de sustancias, pues bien, las angustias, las tristezas, la ansiedad, forman parte de la vida, pero como la tendencia nos lleva a buscar el placer para evitar el dolor, ingerimos sustancias, que, por un lado, eliminan el dolor mental y por otro, producen placer.

Esta tendencia es lo que se denomina adictiva y cuyo manejo adecuado depende de la calidad de nuestra vida afectiva. Vivimos en el mundo de la inmediatez, la búsqueda de confort, la acumulación de bienes materiales y este clima hace que se haga uso de agentes exógenos para obtener de forma inmediata un costo emocional.

En la sociedad se nos ha instalado una forma de adicción, a las drogas y al alcohol. Es importante tener en cuenta, que el problema de las drogas es más importante lo que se piensa, nos advierten sobre el alcohol como una droga legal, los tranquilizantes y la adicción silenciosa que van instalando, la marihuana como la droga del engaño, y la cocaína como la última estación de este proceso autodestructivo.

El problema de las drogas genera, por un lado, que existan problemas de personalidad, de autoestima y de calidad de la comunicación con el otro, influyendo así en la tendencia adictiva. Una vez en la adicción, el individuo sufre un deterioro progresivo de las relaciones emocionales.

Por otro lado, también es importante ver el rol que desempeñan las familias. Las consecuencias destructoras que tiene para el grupo familiar, así como el papel fundamental que van a jugar en el bienestar y recuperación del paciente.

Por último, es importante, recuperar los sentimientos, reparar la autoimagen, rescatar las capacidades intelectuales y emocionales y aprender a enfrentar los conflictos.

Creo importante destacar la importancia de cómo la psicología demostró que el crecimiento mental debe darse en un clima dialogado, no impositivo ni represor, y la importancia de abrir mayores márgenes de libertad para que el hijo encuentre sus caminos con mayor autenticidad.

 

Referencia:

Schilkrut, R., & Armendáriz, M. (2004). Droga y alcohol: enfermedad de los sentimientos. Aguilar Chilena de Eds..

 

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