Adicción al robo

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22 enero, 2015

Adicción al robo |

Epidemiología

A pesar de la falta de estudios epidemiológicos que hayan incluido este trastorno se considera que hasta el 0,6% de la población general puede cumplir criterios para este trastorno a lo largo de la vida. Es más frecuente en mujeres que en varones y se asocia a otros trastornos como el juego patológico o la bulimia.

Etiopatogenia

Se desconoce la implicación de factores genéticos en la etiología de este trastorno. Las evidencias neurobiológicos encontradas implican la disfunción de diferentes neurotransmisores.

Factores neurobiológicos

Las alteraciones de la función serotoninérgica (hipofunción) presentes en estos pacientes se han constatado por la evidencia de importantes rasgos de impulsividad y su proclividad a asumir riesgos. Además se ha señalado un aplanamiento de respuesta serotoninérgica en la corteza prefrontal cuando se estimula con agonistas serotoninérgicos y una disminución de los transportadores de la serotonina plaquetaria. La disfunción dopaminérgica que mejor explica lo que acontece en estos pacientes es el llamado síndrome de deficiencia de la recompensa. Éste consiste en un estado de hipodopaminérgia de base genética que se pone de relieve ante determinadas circunstancias ambientales. La búsqueda de la recompensa (el robo) provoca placer e intenta paliar la situación basal como si se tratase de una conducta de automedicación. El aumento de dopamina generado en el Núcleo Accumbens cuando se va a llevar a cabo dicha conducta favorece el refuerzo de la misma. Se sabe además que el incremento dopaminérgico previo al robo es mayor cuanta más incierta sea la probabilidad de realizarlo.

También se han implicado los mecanismos opioides en las conductas de robo referidas por pacientes con cleptomanía. De hecho son experimentadas como placenteras y cuando se le trata con antagonistas opiáceos como la naltrexona disminuye la frecuencia de las mismas.

En resumen, el deseo de robar parece estar asociado al aumento de la actividad dopaminérgica, potenciado por el circuito opioidérgico y con una disfunción serotoninérgica que dificulta la puesta en marcha de mecanismos inhibitorios.

Factores psicológicos

Se considera que el robo puede ser utilizado por estas personas como una estrategia para aliviar los sentimientos depresivos. Esta formulación encajaría dentro de la teoría de la automedicación, y explicaría el inicio de los robos, después la conducta se mantendría por el refuerzo positivo (placer) y negativo (dejar de experimentar tensión) y por la intermitencia de dichos refuerzos (el refuerzo intermitente aumenta condicionamiento de la conducta).

Manifestaciones clínicas

Se caracteriza por la dificultad recurrente para el control de los impulsos de robar objetos que no son necesarios para el uso personal ni tampoco representan un importante valor económico. Los pacientes experimentan las características comunes a los TCI: tensión creciente antes del robo, sensación de placer cuando se está robando y tras haberlo realizado pueden experimentar alivio, culpa o autorreproches. Los pacientes llevan a cabo estas conductas por motivos distintos a la venganza o a la cólera contra los propietarios de los objetivos robados.

Los principales trastornos con los que hay que realizar el diagnóstico diferencial son las conductas de hurto no influenciadas por trastornos psiquiátricos, con el trastorno antisocial y con las fases de hipomanía de los pacientes diagnosticados de trastorno bipolar.

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