Abrirse a los demás

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27 julio, 2015

Abrirse a los demás |

En muchas ocasiones se utiliza el consumo como forma de enfrentar dificultades en la relación con nuestro entorno. En una fase inicial esta estrategia de afrontamiento puede resultar efectiva (p.ej. tomar una copa hará que sienta menos miedo a la hora de hablar ante un grupo de gente), pero a medida que la cantidad de alcohol u otras drogas aumenta en el organismo, comprobamos que ésta no es la estrategia más adecuada. Del mismo modo, si nos fijamos en las consecuencias a medio y largo plazo de este recurso, volvemos a certificar que no sólo no nos acerca a los demás, sino que nos aleja.

Wallenhorst (2010) nos dice al respecto:

El consumo excesivo de alcohol favorece el aislamiento de las personas. Me refiero al consumo regular y crónico, a la conducta impulsiva de ingerir rápidamente alcohol con el objetivo de no sentir ni sufrir más. El alcohol modifica la personalidad: las personas no se comportan de la misma manera cuando han bebido que cuando no lo han hecho. Cuando observan sus hábitos de consumo anteriores, las personas abstemias dicen que entonces pensaban que estaban de fiesta con los demás, cuando la relación con esas otras personas era tan sólo una ilusión y que, en realidad, estaban solas creyendo estar acompañadas.

Tras la privación, las personas pueden sentir cierta soledad, que, bajo los efectos del alcohol, no sentían. Debido a un acto reflejo defensivo, quizá se encierren en sí mismas, mientras que lo importante ahora es que experimenten la relación con los otros sin la intermediación del alcohol. Es una invitación a vivir otro tipo de relaciones, relaciones que les aporten vida y las estimulen. Se establece una interacción entre la aspiración a vivir de otra manera, de una manera nueva, sacando fuerza del fondo de sí mismas, y de lo positivo que se recibe por parte de los otros.

Parte del trabajo de aceptación de uno mismo, con nuestros puntos fuertes y débiles, comienza por abrirnos a los demás y aceptar que, hagamos lo que hagamos y seamos como seamos, no podemos gustar a todo el mundo. A pesar de ello, si confiamos en nosotros mismos y nos atrevemos a confiar en los demás, podremos sacarle todo el partido posible a las relaciones con otros seres humanos. Así podremos construir una vida más feliz y auténtica, una vida que no es posible si mantenemos el abuso de alcohol y drogas y/o la vía rápida de huida de los conflictos.

Wallenhorst, T. (2010). La dependencia del alcohol. Un camino de crecimiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

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